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El síndrome del emperador

El síndrome del emperador está llegando y éste a lo mejor sí causará el terror que hará que el cambio en los modelos de enseñanza sea una urgencia.  Se oye hablar de los hijos tiranos.

 

Maestros y maestras, psicólogos, orientadores, pedagogos, médicos y otros especialistas llevamos tiempo demandando y teniendo que recurrir a la formación privatizada para poder adquirir herramientas y estrategias que nos permitan afrontar retos difíciles, alarmantes y dolorosos. Todos aquellos que sienten vocación, por supuesto. Hay una gran cantidad de ellos que desafortunadamente, no la tienen y normalizan lo que está sucediendo. Les parece obvio medicar a niños/as antes que cambiar su entorno o fortalecer la manera de trabajar las áreas de desarrollo y el amor propio, por poner algún ejemplo.

¿Aun no han oído hablar del síndrome del emperador? Adolescentes que muestran graves dificultades en su sensibilidad moral, es decir, personas pobres en la necesidad de sentir cariño, apego, empatía, compasión o arrepentimiento: futuros psicópatas. Violencia, agresión directa y literal hacia sus madres y padres, que a priori sucede entre iguales en la escuela. Es el síndrome del emperador.

Existe una falta de cifras oficiales, pues la mayoría de los casos no llegan a denunciarse pero sí sabemos que va en aumento. En Cataluña los padres que denunciaron a sus hijos pasaron de ser 23 en el 2001 a 178 en el 2004. Familias que acaban acudiendo a la justicia como última solución al problema de tener un hijo o una hija que les extorsiona, les roba, los amenaza y les apaliza en su propio comedor. Una película de auténtico terror.

 

Está claro que lo más fácil es culpar a los padres de una mala educación o a la falta de atención hacia sus responsabilidades en algún momento de la crianza. Sin embargo, aunque muchas parejas tengan hijos como conejos el ministerio de educación sigue priorizando la memorización de las propiedades de la multiplicación. En mi opinión, antes deberíamos erradicar el bulling y la violencia en las aulas, más horas de educación emocional.

No es de extrañar que aparezca el síndrome del emperador, oímos acerca de niños que han llegado incluso al suicidio y no nos inquieta verdaderamente.

 

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