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La escuela pública, gratuita y obligatoria

Hace solamente 259 años concretamente en 1760, la escuela pública tal y como la conocemos fue algo innovador y revolucionario. El Reino de Prusia, estado europeo precursor de Alemania (actual Polonia), creó la primera conexión con esa necesidad social.

 

Aunque el Reino de Prusia ya no existe en la actualidad, ocupa un lugar destacado en la historia europea y se le recuerda por ser un país con una gran potencia militar en sus días de gloria. Recordemos que durante esos mismos años se produjo (entre muchos otros sucesos) la Revolución Industrial (1760 – 1840) donde nuestra economía dejó de basarse en la agricultura y en la artesanía, para depender de la industria y de sus fábricas.  Anteriormente no había existido nunca, o al menos de la misma forma la escuela pública, gratuita e obligatoria. Aparece en la historia de la humanidad por primera vez ese año.

Sesenta años más tarde Francia también decidió dar esta instrucción a su pueblo: la obligatoriedad de que los niños y niñas asistieran a una institución pública para instruirse durante un periodo de tiempo determinado. Así pues, no fue una opción para nadie. Veinte años más tarde en 1840 Estados Unidos y España se apuntaron a la labor social. En 1860 Chile, India, Inglaterra y Japón. En 1880 Argentina. ¿Y porque quisieron educarnos?, ¿Y como lo hacían entonces? Recordemos que los derechos de los niños no llegaron hasta 1924…

Algunos pensaran ¿Y en Grecia?. En Grecia había existido el modelo de tutor personal reservado para los hijos de los apoderados magnates. “La academia” de Platón es lo que más se acercó a ese concepto de escuela que hoy defendemos basándose su método en la conversación, la tertulia y la experimentación.

Prusia reprodujo una estructura educativa heredera del modelo militar espartano. Las noticias del exitoso método viajaron y educadores de los gobiernos visitaron el país para formarse. La instrucción militar de los espartanos se basaba en:

  • clases obligatorias
  • fuertes castigos
  • moldear la conducta a través del dolor y del sufrimiento

 

A finales del s. XVIII  principios del s. XIX con el fin de evitar las revoluciones en Francia, los monarcas incluyeron las ideas de la ilustración para satisfacer al pueblo pero mantuvieron el régimen absolutista. Muchos países hablaron de la escuela pública defendiendo el acceso a la educación para todos y  elevando así la bandera de la igualdad. Desafortunadamente, parece ser que la realidad es que muchos ilustradores eran unos déspotas, de ahí el llamado despotismo ilustrado. En realidad se buscaba la perpetuación de los modelos elitistas y la división de clases.

El modelo Prusiano nació dentro del mundo positivista, en plena revolución industrial, con una economía industrial en la que se buscaba obtener los mayores beneficios con los costes mínimos y con unos resultados observables. La escolarización era la respuesta ideal a la necesidad indispensable de trabajadores. Fue la llave maestra de una ingeniería social muy potente.

Empresarios industriales del s. XIX como Andrew Carnegie, JP Morgan, John Rockefeller o Henry Ford, a través de sus fundaciones también invirtieron en el patrocinio de las instituciones educativas. La educación del pueblo pasó a ser una cuestión administrativa en la que la autoridad le decía a un profesor estatal qué tenia que enseñarse y de qué forma.

Es lógico que 258 años más tarde estos espacios han cambiado notablemente. Sin embargo, no de manera significativa y potente desde mi punto de vista. Durante mi vida he pasado encerrada en ella 14 años que son: 126 meses, 2.520 días, 20.160 horas y 5.040 h en autobús. Por supuesto disfruté en la escuela y agradezco de todo corazón lo vivido, pero siempre sentí que los cambios fuertes de mi personalidad llegaban durante los veranos. ¿Vosotros/as no?

El modelo educativo establecido sigue teniendo una estructura verticalista en la que se sigue dividiendo a los niños/as por edades. Un docente por año y por materia. Tiempos marcados y en algunos casos aun por sirenas. Veinticinco alumnos nuevos cada año. Grupos homogéneos con contenidos homogéneos. Todos tenemos que saber lo mismo aunque de adultos vemos que es la diversidad lo que nos caracteriza. Tests estandarizados, currículums desvinculados de la realidad, sistemas de calificaciones, sistemas de premios y castigos, horarios estrictos y el encierro y la separación con respecto al resto de la ciudadania.

La escuela instruye mediante el miedo o el stress, no responde ni rescata las necesidades individuales. Las exigencias y presiones del sistema terminan deshumanizándonos a todos. Va más allá de los profesores, los directivos o los inspectores.

 

Sí se permite en cambio, acceder a otros métodos educativos privados a aquellos ciudadanos que pueden permitirse pagar entre 450 y 1.000 €  (aproximadamente) cada mes, para la educación de sus hijos. Todos tenemos que subir una montaña en la vida, pero algunos empezamos el camino a los 2.000 metros.

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